Si bien el artista realiza el arte con intención o emoción de fondo por su necesidad de trasmitir sus pensamientos o su sentir sobre un tema determinado, el espectador expuesto a la obra, puede que identifique o no aquella intención, pero lo cierto es que esa experiencia le ayudará a conectar con su ser interior, y le afectará en mayor o menor grado, dependiendo de su propio sentir e historia de vida. De tal forma el arte tiene un efecto psico-social mucho mayor del que la mayoría le concedemos.
Texto: Lucrecia Alfaro / fotos: Lucrecia Alfaro
Estamos claros que tanto la creación como la apreciación del arte son procesos profundamente emocionales.
Pero, ¿Qué son las emociones? La palabra ‘emoción’ proviene del verbo latino motere, que significa moverse e indica una tendencia a actuar. Son expresiones o respuestas ante los estados internos causados por un evento o estímulo. Las emociones tienen la característica de generar un comportamiento dirigido hacia un objetivo, conllevan un cambio en el aprendizaje o percepción del mundo, se hacen evidentes mediante nuestro lenguaje corporal interpretado socialmente. Se dice que las emociones nos ayudan a la supervivencia y que hay seis emociones básicas presentes en diversos contextos culturales, a saber: miedo, alegría, tristeza, ira, disgusto y sorpresa. De acuerdo con Oatley y Jenkins (2006) Cada emoción prepara nuestro cuerpo para una reacción determinada, por lo que nuestra conducta manifiesta las emociones con nuestra expresión facial y corporal, con el volumen y tono de nuestra voz.
De acuerdo con Cerebrum (2019), la teoría de Feldman- Barret y Rolls dice que las emociones son o constructos o sumatorias de estados emocionales. Por lo que se creó un sistema de dos dimensiones: agradable-desagradable y excitación, alta o baja. Y afirman, que las emociones surgen de la búsqueda del placer y la evitación del castigo. De esta manera se dice que todas las emociones tienen una función positiva en nuestra vida, sólo que algunas se perciben más placenteras que otras, o unas agradables y otras desagradables.
Psicología del Color
Con la intención de buscar entender mejor a las emociones y con base en la respuesta corporal ante estas, a lo largo del tiempo y con muchos estudios en el medio, se le ha asignado un color a cada emoción. Así surgió la denominada “La rueda de las emociones” de Robert Plutchik, en la cual se muestran las emociones más básicas y las distintas combinaciones de emociones. Los colores, utilizados en esta rueda, son los que se suelen usar para representar las emociones.

El Arte y nuestras emociones
El arte “permite conectarnos con nuestro interior y así sentir, escuchar y conocer nuestras emociones”(Pazmiño, 2019, p. 18). Ivcevic et al. (2014) recogen en su estudio sobre artes, emociones y creatividad que Pablo Picasso, uno de los artistas más creativos del siglo XX, “concebía al artista como un receptáculo de emociones y un vehículo de transformación de esas emociones vividas en obras de arte tangibles”
Este mismo autor Ivcevic et al. (2014) afirma que: “tanto la creación como la apreciación del arte son procesos profundamente emocionales” (p. 9). Y a ello se suma lo concluido por las estudiosas Justo y Messina )2021): » el arte propicia que nos situemos en un mundo simbólico donde las técnicas y parámetros empleados en la obra de arte –las formas y los colores, los matices dinámicos, los sonidos y silencios, las metáforas, etc.– adquieren significado. Todos los detalles contribuyen a perfilar ese significado que puede ser variable según la vivencia de cada individuo, según su historia personal».
Partiendo de ello, cuando nos situamos frente a una obra de arte, nos gustará o no y le daremos un significado a partir de nuestra propia experiencia vital, en primera instancia desde la parte emocional. Significado que luego justificaremos desde un ejercicio racional, ya sea que lo comuniquemos o no. Pero esa primera vinculación con la obra es en definitiva emocional.
Ahora bien, al ser el arte una obra u objeto externo -para el espectador- de alta carga emocional, le permite a cada quien identificar en esa pieza emociones, positivas o negativas, que le serán más fáciles de “manejar” desde afuera, en su calidad de observador.

Por ejemplo, cuando las personas identifican en una obra de arte la representación de un problema de la vida real, como la agresión, en el que se pueden reconocer por propias experiencias, logran tomar distancia del problema y verlo desde una perspectiva distinta, generalmente, menos dañina o dolorosa que la vivencia real que tuvieron o tienen. De tal forma, el arte nos permite conectar con nuestro interior y así sentir, escuchar y reconocer e incluso ordenar nuestras emociones, desde una posición psicológicamente más segura, la del observador”
“El arte nos permite conectar con nuestro interior y así sentir, escuchar y conocer e incluso ordenar nuestras emociones”
Muestra de los alcances que hoy en día se le dan al arte como herramienta facilitadora para el mejor manejo de las emociones son los talleres dirigidos a niños y a adultos creados por un grupo de investigadores del Yale Center for Emotional Intelligence, en colaboración con la Fundación Botín y el Centro Botín, en los que se emplea el arte como recurso didáctico. En estos programas se llevan a cabo actividades relacionadas con las artes plásticas, el teatro, la música, la danza y demás disciplinas artísticas, tanto ejecución como apreciación. El objetivo de estos talleres es propiciar que los participantes desarrollen su creatividad y el efecto colateral de fondo es un mejor y más adecuado manejo de las emociones.

Si en algo están de acuerdo los académicos participantes es que el arte puede contribuir de manera excepcional al desarrollo de la inteligencia emocional.
El arte como terapia difiere entre individuos y grupos. Puede darse a un nivel consciente o inconsciente y, generalmente, busca aflorar y hacer conscientes aspectos escondidos en el inconsciente.
Sin embargo, también se puede recurrir al arte para trabajar las emociones como parte de un proceso de autoconocimiento, que es muy común en los amantes del arte, pero que surge de una manera natural.
Todas las personas que exploran en sus emociones a través del arte, consiguen profundizar en sus propias metáforas y símbolos, descubriendo y entendiendo mejor sus propias reacciones emocionales ante la vida, lo que bien puede redundar en una mejor relación con el entorno en general.
De tal forma, el arte provoca en nosotros varios efectos: activa nuestros sentidos, estimula la imaginación, proyecta nuestra mente y descarga emociones. En general, estar en contacto con el ARTE, en mayúscula, es decir, en cualquiera de sus manifestaciones, nos ayudará a realizar un mejor manejo de nuestras emocione y por ende favorece un estado integral más positivo, más en equilibrio.
#AmoElArte
Bibliografía
https://www.revistas.ucr.ac.cr/index.php/humanidades/article/view/50893
https://www.therapyside.com/post-es/beneficios-arte-bienestar-emocional
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